¿Es útil de verdad la Tarjeta Verde?

Tarjeta Verde Federación

La Federación nos ha sorprendido con la irrupción esta semana de una herramienta para reforzar los comportamientos positivos, cívicos y de deportividad extrema en los campos de fútbol: la «Tarjeta Verde». No es la primera reforma que acomete la nueva dirección, y esperemos que no sea la última, puesto que todo va encaminado a modernizar y mejorar no solo la competición, si no también la labor social de un deporte tan popular como es el fútbol, sin embargo, y a diferencia de otras medidas anteriores, la «Tarjeta Verde» va directa y específicamente  enfocada a modificar la forma de comportarse de todos los estratos del fútbol, tanto de base como senior, ya que, según reza la circular que la regula: «El/la árbitro/a principal podrá mostrar la tarjeta verde a cualquier persona presente en
un encuentro: futbolista, técnico, delegado/a, auxiliar, directivo/a, aficionado/a, monitor/a,
entrenador/a, utilero/a, médico/a, personal de seguridad, voluntario/a, así como también
podrá ser mostrada a un colectivo: afición, equipo, voluntarios, servicio médico,
organizadores y cualesquiera otros.» Cosa que es de aplaudir, al mismo tiempo de tener un objetivo verdaderamente encomiable. Ahora bien, en otro párrafo de la circular aparece lo siguiente: «Esta concesión no tendrá consecuencias deportivas, únicamente informativas para su valoración y reconocimiento posterior por parte de la FFCV.»

Por lo tanto, se entiende que dicha tarjeta no va a reportar mayor beneficio que el del reconocimiento a la acción, y yo me pregunto, ¿qué beneficio saco yo de esforzarme en conseguir una tarjeta verde? Soy consciente de que lo que acabo de decir no es políticamente correcto, ya que lo que premia esta tarjeta es lo que debería ser habitual en un mundo ideal, y por lo tanto, no debería de tener premio, y deberíamos de sentirnos felices por el simple hecho de hacerlo y de que se nos reconociera públicamente pero, por desgracia, no vivimos en un mundo ideal, vivimos en un mundo y en una sociedad «resultadista» y competitiva, en la que lo que queda al final es el resultado, y más aún cuando hablamos de fútbol, que es, seguramente, el deporte «resultadista» por excelencia, ese deporte en el que si puedo engañar al arbitro no soy un tramposo, si no que «tengo picardía». En este mundo amigos, esta tarjeta no tiene futuro, en este mundo se necesita algo más que una foto y un aplauso para cambiar comportamientos tan arraigados e identificativos del fútbol. El ser humano solo cambia sus comportamientos a través del castigo o la recompensa, el castigo para los comportamientos negativos, y la recompensa para los positivos, ¿qué recompensa tiene la tarjeta verde?¿la foto?¿el acta? Por favor, seamos valientes y hagamos cambios de verdad, cambiemos el ideario, démosle la importancia que merece a una herramienta tan potente como esta tarjeta y dotémosla de poder real, poder para deshacer empates, en lugar del «goal average», poder para bonificar cuotas federativas, poder para conceder trofeos, o cualquier otro poder, pero que sea poder, que empuje a clubes, entrenadores y jugadores a creer que sirve de verdad, que no se convierta en un simple «postureo» o en una propaganda para los medios de comunicación, para que se convierta en lo que debe ser, una herramienta, como lo son desde hace tantos años sus dos hermanas mayores, la amarilla y la roja, que tan útiles son para los árbitros, y que al fin y al cabo, si no fueran útiles no tendrían sentido ni existirían siquiera. Señores de la Federación, les felicito, pero les animo a ir un paso más allá y a comprometerse con esta misión de verdad, con valentía, porque el futuro de este gran deporte, que tanto bien puede hacer, se lo merece.

Artículo de Sergio Farrè Robador, colaborador de Valencia Base.

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