El CD Don Bosco forma parte de la historia del fútbol base valenciano, con cuatro campeonatos cadete en la década de los 90s, formado jugadores que han despuntando en el fútbol profesional como entre otros Roberto Soldado, Nando, Vicente Iborra, o actualmente César Tárrega o Manu Fuster.
Después de unos años su equipo Cadete volvió la temporada pasada a lo más alto de las competiciones al ascender a Autonòmica. Esta temporada ha entrado una nueva dirección general en el club salesiano de la mano de Ignacio Sánchez.
Para quién todavía no te conozca, ¿quién es Ignacio Sánchez y cómo llega a la dirección general del CD Don Bosco Valencia ?
Soy una persona que lleva años trabajando en el deporte, tanto desde dentro como desde la parte de gestión. Dirijo Nexus Gestión Deportiva, donde colaboramos con clubes y entidades ayudándoles a organizarse mejor, profesionalizar su estructura y tomar decisiones con criterio. Siempre he tenido una idea clara: se puede competir mejor cuando el club está bien gestionado.
En el caso de Don Bosco, además, hay una vinculación personal con la casa, lo que hace que el proyecto tenga un significado especial para mí. La llegada a la dirección general se da en un momento en el que el club necesitaba ordenar su crecimiento y dar un paso adelante a nivel organizativo, y encaja con mi forma de trabajar: estructurar, dar coherencia y construir proyectos que sean sostenibles en el tiempo.

Este es el primer año de una nueva dirección general en el club. ¿Cuál fue la idea principal cuando aceptaste el reto? ¿Qué significa para ti dirigir deportivamente un club con tanta tradición?
La idea fue bastante clara desde el principio: ordenar el club y darle una dirección definida. Don Bosco venía de años de mucho esfuerzo, pero necesitaba estructura, coherencia y una forma de trabajar común que alineara a todo el mundo.
A partir de ahí, el trabajo ha sido empezar a construir esa base: reforzar el equipo con perfiles profesionales como preparadores físicos, nutrición y psicología, mejorar los recursos del club con espacios como el gimnasio, y apoyarnos más en tecnología, análisis de datos e incluso herramientas de inteligencia artificial para tomar mejores decisiones. También hemos reactivado el contacto con clubes y entidades de mayor nivel para abrir el club hacia
fuera y seguir aprendiendo. Todo con una idea clara: que el crecimiento no sea puntual, sino que tenga una base sólida detrás.
Para mí, dirigir un club con esta tradición implica entender que aquí no solo hablamos de competir, sino de formar personas. Eso te obliga a tomar decisiones con más responsabilidad, porque el impacto va más allá del resultado deportivo. El reto está en respetar esa identidad y, al mismo tiempo, llevar el club a un nivel de organización y
exigencia acorde a lo que hoy requiere el deporte.
Creo que muchos clubes tienen historia, pero no todos tienen una dirección clara. Hoy en día, sin estructura, es muy difícil que un club sea competitivo de forma sostenida. Nuestro trabajo es precisamente ese: que Don Bosco no solo tenga pasado, sino también un modelo de futuro bien definido.

El club está muy ligado al Colegio Salesianos Don Bosco Valencia. ¿Cómo influye ese entorno educativo en la filosofía deportiva del club? ¿Cuántos jugadores son alumnos del Colegio? ¿El porcentaje es igual en el fútbol que en el básquet?
El entorno del colegio influye muchísimo, porque marca la base de lo que somos. Aquí el deporte no se entiende solo desde el rendimiento, sino también desde la formación en valores, el respeto y el desarrollo personal del deportista. Eso está muy presente en el día a día y es parte de la identidad del club.
A nivel de composición, hay una vinculación muy alta con el colegio en los tres deportes. En todos los casos, en torno a la mitad de los deportistas son alumnos, aunque es verdad que el peso es mayor en fútbol sala, mientras que en fútbol y baloncesto, por estructura y volumen, hay una mayor apertura a perfiles externos.
A partir de ahí, Don Bosco es un club con proyecto propio. Estamos abiertos a cualquier deportista que quiera formar parte de una estructura seria y bien organizada, y eso se está reflejando en el perfil de gente que viene: tenemos jugadores de fuera de Valencia, incluso de otras provincias y de otros países, que hacen el esfuerzo de venir a entrenar con nosotros. Eso no pasa por casualidad, pasa cuando hay un proyecto detrás que resulta
atractivo.
¿Qué objetivos se han marcado desde la dirección del club?En los últimos años parece que el sentimiento de pertenencia a los clubes se está debilitando en el fútbol base, con jugadores que cambian con frecuencia de equipo. ¿Cómo se vive esta realidad desde el club y qué se hace para fomentar ese vínculo con Don Bosco?
El objetivo principal es bastante claro: construir un club bien estructurado, reconocible y sostenible en el tiempo. A partir de ahí, todo lo demás debe tener coherencia. Queremos mejorar el nivel competitivo en fútbol, fútbol sala y baloncesto, pero apoyándonos en una base sólida: metodología, organización y un equipo humano bien coordinado. Buscamos que el club funcione como una estructura única, no como equipos independientes.
Dentro de esa estructura, uno de los focos importantes está siendo el cuidado integral del deportista. Estamos incorporando servicios como preparación física, nutrición y psicología, no como algo accesorio, sino como parte del propio proceso formativo. La idea es que el deportista entienda que está en un entorno donde se le cuida y se le exige, y donde puede desarrollarse de forma completa, no solo en lo deportivo.
En cuanto al sentimiento de pertenencia, es una realidad que está cambiando en todo el deporte base. Desde nuestro punto de vista, la clave no está en intentar retener por insistencia, sino en ofrecer un proyecto que tenga sentido. Por eso, además de cuidar el día a día, estamos trabajando también en reforzar el vínculo con el club a largo plazo: recuperando el contacto con antiguos deportistas y acercando de nuevo a jugadores y jugadoras que han pasado por aquí y han llegado a la élite, para que vuelvan a formar parte del club, aunque sea en momentos concretos.
Al final, cuando hay una estructura clara, un entorno cuidado y una identidad reconocible, el vínculo no se fuerza, se construye. Y eso es lo que buscamos.

Después de unos años, hace un par de temporadas el club recuperó categorías altas, consiguiendo la pasada el ascenso a Autonòmica Cadete ¿Cómo describirías el momento actual del club: en qué punto está ahora mismo el proyecto deportivo?
Estamos en un momento de crecimiento, pero sobre todo de transición hacia un modelo más estructurado y profesional. El ascenso refleja que hay una buena base, pero el objetivo no es tener picos puntuales, sino consolidar el proyecto.
Ahora el foco está en ordenar todo lo que hay detrás: estructura, metodología y coordinación entre fútbol, fútbol sala y baloncesto. Si esa base es sólida, los resultados llegan y, lo más importante, se pueden mantener en el tiempo.
El Cadete A compite en Autonómica pero está en puestos de descenso. ¿Qué aprendizaje deja competir en la máxima categoría aunque el resultado no acompañe?
Competir en Autonómica supone un nivel de exigencia muy alto y te obliga a estar al máximo en todo momento. Evidentemente queremos mantener la categoría, pero también sabemos que este tipo de contextos te demuestran qué funciona y qué no, y eso es clave para seguir construyendo el modelo de club que queremos.
En una situación así, lo importante es cómo se responde. Estamos orgullosos de los chavales, porque el equipo está compitiendo, entrenando bien y manteniendo una buena dinámica de grupo, que no es sencillo cuando los resultados no acompañan.

La temporada pasada el club empezó a despegar. ¿Qué cambios estructurales se están haciendo ahora para consolidar ese crecimiento?
Lo que estamos buscando es que lo que pasó el año pasado no sea algo puntual. Para eso, estamos intentando dar más coherencia al día a día: que todos los equipos trabajen en la misma línea, que haya una idea clara de cómo entrenamos y competimos, y que el deportista sienta que hay un camino dentro del club.
También estamos mejorando todo lo que rodea al rendimiento, con más recursos, mejores condiciones de trabajo y un acompañamiento más completo al deportista. Al final, se trata de que el club crezca, pero con sentido, y que eso se note luego en el campo y en la pista.
Don Bosco tiene dos secciones históricamente importantes, fútbol y baloncesto. ¿Cuál es la situación de los equipos de baloncesto?
El baloncesto es una parte muy importante del club, igual que fútbol y fútbol sala. Las tres secciones forman parte del mismo proyecto y comparten una misma idea de trabajo.
En el caso del baloncesto, tenemos una base sólida, con equipos en todas las categorías y también presencia femenina en todas ellas. Además, los equipos “A” están compitiendo en Autonómica y, si todo sigue en esta línea, la idea es mantener esas categorías.
El objetivo es seguir creciendo, pero siempre dentro de una estructura común, donde el deportista, esté en el deporte que esté, viva el club de la misma manera.

Mirando a medio plazo, ¿qué debería pasar en los próximos tres o cuatro años para poder decir que el proyecto deportivo de Don Bosco ha sido un éxito?
Para poder hablar de éxito, el club tiene que ser reconocible, no solo en la forma de entrenar y competir, sino también en su imagen y en su identidad. Que cualquiera que vea a un equipo de Don Bosco identifique rápidamente qué somos y cómo hacemos las cosas.
A partir de ahí, queremos consolidarnos en categorías competitivas en fútbol, fútbol sala y baloncesto, seguir asentando el fútbol femenino y recuperar presencia en categorías altas, pero sin perder nuestra esencia. Creemos que se puede ser competitivo sin dejar de ser un club educativo, y ese equilibrio es clave para nosotros.
También es importante que el club crezca hacia dentro: que el personal se sienta valorado, con mejores condiciones, formación continua y experiencias que les permitan seguir desarrollándose. Si conseguimos alinear todo eso —identidad, estructura, personas y rendimiento—, el resultado deportivo será una consecuencia, no un objetivo.



















