La nueva pretemporada (Hasta partidos televisados por Youtube)

Aarón Siles / Castellón

Han transcurrido 6 meses desde que la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana suspendiera las competiciones el pasado 11 de marzo a causa de la pandemia del COVID-19. Un tiempo en el que muchas actividades tuvieron que detenerse y el deporte base no fue una excepción. Tras un periodo de espera tan largo, la vuelta a los terrenos de juego se presentaba con mucha incertidumbre.

Los primeros equipos regresaron a los entrenamientos la última semana de agosto y se toparon con una pretemporada que, si bien resulta un tanto atípica fuera del campo, en el verde no lo es tanto. Los jugadores se ven obligados a cumplir con un protocolo que implica pasar un control de temperatura al llegar a las instalaciones, desinfectarse las manos y portar las mascarillas hasta que empieza la sesión.

El uso del vestuario no está permitido ni en partidos ni en entrenamientos, un factor que puede resultar un lastre para la cohesión de grupo, y los futbolistas deben llegar cambiados y calzarse las botas alrededor en las inmediaciones del terreno de juego, guardando la pertinente distancia de seguridad. Tampoco es posible que los jugadores intercambien petos con el fin de reducir los riesgos de contagio dentro de las plantillas. Una solución al respecto ha sido dar a cada jugador un peto individual reversible de forma que no sea compartido y no se pierda un tiempo excesivo durante la sesión organizando a los jugadores.

Otra de las medidas que contemplan los protocolos elaborados trata de evitar el contacto entre sus diferentes equipos. De este modo entran al campo de juego en momentos distintitos y siguiendo una trayectoria diversa, dejando el material en puntos del campo por los que no vaya a pasar ningún combinado más

Donde mejor se pueden apreciar los efectos de la nueva normalidad es en la grada, y los principales afectados son las familias de los jugadores. Hay lugares en los que no está habilitado el uso de las gradas y en otros se hace con un aforo limitado. Los padres y responsables de los niños se ven obligados a ver los partidos desde el bar, como ocurre en Chencho, o desde las vallas que rodean las instalaciones.

En otros recintos como en el Parque Sindical solo se permite el acceso de jugadores y cuerpos técnicos, por lo que algunos han optado por retransmitir en directo los partidos a través de la plataforma de YouTube, con el apoyo de jugadores lesionados o no convocados, para que en casa no pierdan detalle.

Sin embargo, cuando el balón echa a rodar no se percibe una situación muy diferente a la que existía antaño. Los equipos se preparan como siempre para sentar las bases de sus modelos de juego y llegar preparados al arranque de sus competiciones ligueras. Las tareas de los entrenamientos y los partidos discurren como acostumbraban antes de que la pandemia forzara la parada de las competiciones. No se realiza el “pasamanos” previo al encuentro, pero se pueden ver choques, disputas por balones divididos, marcajes férreos y jugadores abrazándose cuando su equipo anota un gol.

Lo cierto es que se antoja muy difícil de eliminar este tipo de situaciones, porque en ellas se encuentra la propia esencia de este deporte y resulta complicado pensar en un fútbol sin ellas. Por ahora, el juego actual no dista del que antes conocíamos, y las líneas de actuación adoptadas por los diferentes clubes de la provincia tienen por objetivo que siga siendo así hasta el final de esta incierta temporada.

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