Bruno Borjabad / La Torre
En el Nuevo Campo de la Torre hay una figura imposible de no reconocer. Siempre en manga corta, pendiente del material, entrando y saliendo de vestuarios o hablando con jugadores y entrenadores, Alberto Herrero se ha convertido en una de las personas más queridas del Atlético Cabañal. Aunque llegó hace poco tiempo al club, hoy ya se siente como uno más dentro de la familia del fútbol base y del entorno deportivo.
Alberto conoció el At. Cabañal hace apenas unos meses. Tras salir de otro club por cambios en la directiva, terminó llegando al Nuevo Campo de la Torre gracias a varios contactos y a la oportunidad que le ofreció la entidad. “Yo no conocía de nada al Cabañal, no sabía ni que existían”, reconoce. Sin embargo, el día a día terminó creando un vínculo muy especial con la escuela.
El conserje destaca especialmente el crecimiento que ha tenido el club en los últimos años. Equipos como el Cadete o el Infantil han conseguido competir a gran nivel y la escuela continúa creciendo temporada tras temporada. Alberto asegura que, poco a poco, dejó de sentirse un trabajador más para convertirse en parte del propio club. “Ya me veo más como uno de ellos”, explica con una enorme sensación de orgullo y mucho sentimiento de pertenencia.

Su trabajo va mucho más allá de abrir o cerrar unas instalaciones. Alberto limpia vestuarios, prepara el material, mantiene el campo en condiciones y se preocupa de que todo esté listo para entrenamientos y partidos. Pero por encima de todo, tiene clara cuál es su prioridad diaria. “Lo más importante es que el chiquillo esté feliz”, comenta. Para él, cuidar el ambiente y la comodidad de los niños es una parte fundamental del fútbol formativo.
Con el paso de los meses también empezó a seguir a varios equipos fuera de casa. Los infantiles incluso llegaron a llamarle “el talismán” porque el equipo ganaba muchos partidos cuando él acudía a animarlos. Ese tipo de experiencias fueron aumentando todavía más su implicación con el club y reforzaron la relación que mantiene con muchos jugadores y entrenadores. Alberto vive cada partido con muchísima cercanía y una gran dosis de ilusión.
Además de sus funciones como conserje, también suele arbitrar partidos amistosos cuando hace falta. “Tengo ese regustillo de entrenador y árbitro”, cuenta entre risas. Muchas veces prefiere ayudar al club antes que buscar cualquier beneficio económico. “No me pagues dinero, dame algo simbólico y te pito el partido”, explica. Su manera de entender el fútbol refleja una enorme pasión y un compromiso total con el club.
Alberto reconoce que el cariño de la gente es una de las cosas más bonitas que le deja el fútbol base. Jugadores, entrenadores y familias valoran constantemente todo lo que hace durante la semana. Sin buscar protagonismo, se ha convertido en una figura imprescindible dentro del día a día del At. Cabañal gracias a su cercanía y a su forma de ayudar siempre a los demás. El reconocimiento nace de manera muy natural por parte de toda la escuela.
Mientras sigue pendiente de cada detalle en el Nuevo Campo de la Torre, Alberto continúa disfrutando de algo tan sencillo como ver felices a los niños. Entre vestuarios, balones y entrenamientos, el conserje del At. Cabañal representa esa parte más humana del fútbol base que muchas veces pasa desapercibida, pero que resulta completamente necesaria para mantener viva la esencia de este deporte.














